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INNOVAR PARA PROGRESAR

HACIA UNA NUEVA CIUDADANÍA ECOLÓGICA

LAS NUEVAS DEPENDENCIAS DOMESTICAS DE LA CIUDADANÍA ECOLÓGICA

Ángel Fernández Millán, periodista ( afmillan@andaluciajunta.es )

La ascendente complejidad de la oferta de bienes y servicios obliga a que cualquier producto por simple que sea incorpore su manual de uso o de instrucciones que ayude a una eficaz utilización del mismo. Así las cosas, el progreso en sentido amplio nos va consumiendo el tiempo, nuestra propiedad personal más importante y muy por encima del poder y del dinero.

Hasta hace poco tiempo una lata de fabada, por ejemplo, incorporaba en su etiqueta los siguientes datos: ingredientes y calentar al baño maría durante 3 minutos o abrir la lata y calentar en una cacerola durante X tiempo. Ahora, la misma lata tiene una etiqueta mucho más densa: información nutricional, instrucciones para microondas, sugerencias de presentación, servicio de atención al consumidor, recomendaciones complementarias (depositar la lata vacía en los contenedores amarillos, ...).

Leer integramente el etiquetado de todos los productos que usamos lleva su tiempo. Si decidimos pasar de la conveniencia de leernos la letra pequeña, contraemos una cierta mala conciencia. Pero, la realidad se impone y la letra pequeña encierra grandes verdades.

A la hora de desprendernos de lo usado, la voz de la conciencia nos asalta de nuevo. Tiro el brik de leche a la basura sin más. O cumplo como buen ciudadano y selecciono mis residuos en casa para depositarlos en los respectivos contenedores. Si opto por el buen camino, la cosa se complica. El brik debe ser reducido a su mínimo volumen: desplegarle los pliegues y aplastarlo, lo mismo debe hacerse con las botellas de agua mineral o con cualquier envase de PET.

Una correcta selección de las basuras obliga a tener un cubo con cuatro compartimentos: materia orgánica, papel, vidrio y plásticos-latas, que cuesta cuatro veces más que el cubo de toda la vida y tiene un mantenimiento igual de caro, porque hay que emplear cuatro bolsas especiales para cada uno de los compartimentos. Si optamos por la selección con una infraestructura más modesta, deberemos tener en la cocina o el trastero el cubo de basura más tres bolsas, una por cada uno de los tipos de residuos a recuperar.

La historia no termina aquí. Lo normal es que en las cercanías de nuestra vivienda no coincidan en un mismo punto los cuatro contenedores de recogida selectiva. Con mucha suerte tendremos a mano dos o tres contenedores, por lo que la tercera o cuarta bolsa habrá que llevarla andando o en coche a su contenedor de destino. Como la perfección no tiene límites, cuando por fín arrojamos los periódicos usados al contenedor azul, nos quedamos con la bolsa vacía en la mano y hay que buscar una papelera o un contenedor de basura en los alrededores para deshacernos de ella y no siempre hay suerte.

“La Historia Interminable” de Michael Ende se queda en pañales si comprobamos que el contenedor de papel está lleno y hacemos caso de la invitación: “Si observa que este contenedor está lleno, avise por favor al 902...” O llevamos algo que escriba y un papel o memorizamos el número. Luego, de vuelta a casa o al trabajo intentaremos llamar y comprobaremos que el horario de atención del servicio no corresponde con nuestras disponibilidades de tiempo.

A todo esto nos hemos olvidado de recordar que las bolsas de basura con residuos orgánicos deben ser depositadas entre las siete de la tarde y las diez de la noche, si no lo hacemos así el Ayuntamiento nos crea también conciencia de mal ciudadano.

Las administraciones locales exigen cada día más al ciudadano para que éste facilite la gestión de los servicios municipales, suben los impuestos y a cambio se olvidan de brindar siquiera alguna(s) ventaja(s) al ciudadano cumplidor y cívico.

La realidad cotidiana es muy distinta a la descrita hasta aquí: el personal no cierra la tapa de los contenedores, se dejan las bolsas con papel usado a los pies de los contenedores azules y los contenedores amarillos tienen poco uso. Si la dinámica sigue como hasta hoy, el vecino poco cívico es el que sale ganando en tiempo y dinero, mientras el bueno es penalizado al emplear su tiempo en cumplir con las normas y recomendaciones sin ninguna contraprestación a cambio.

¿ Ha visto a alguien de su barrio que tenga perro recoger los excrementos de su mascota. Si la respuesta en positiva, escríbame con el nombre y lo colocamos en el cuadro de honor de la ciudadanía responsable.

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